Cuando preguntas en Arenas de San Pedro por qué el restaurante y el hotel se llaman "El Marquesito", la respuesta que te dan los vecinos más mayores es siempre la misma: "Así le llamábamos nosotros al hijo del marqués que vivía ahí."
No es un título oficial. No hay ningún pergamino ni ningún escudo. Es un apodo. La forma en que el pueblo llamaba, con la mezcla de respeto y afecto que da el diminutivo castellano, al joven heredero de la familia noble que habitaba esa casa de piedra del siglo XVIII en el Paseo de Santa Lucía.
"El Marquesito." Como cuando dices "el Alcaldito" o "el Médico de toda la vida." Alguien de alta cuna que es, también, de los nuestros.
Ese apodo sobrevivió a la familia. Quedó pegado al edificio. Pasó de boca en boca durante generaciones y hoy, siglos después, es el nombre con el que nos presentamos al mundo.
Pero la historia de este lugar va mucho más allá de un apodo. Arenas de San Pedro fue, durante siglos, el refugio elegido por la nobleza española más poderosa cuando la fortuna les daba la espalda. Y lo que ocurrió aquí entre 1777 y 1785 convirtió a este pequeño pueblo abulense en uno de los focos culturales más brillantes de la España ilustrada.
La Triste Condesa y el primer destierro
La historia de Arenas como refugio de nobles comienza aquí. El castillo que preside el centro del pueblo fue mandado construir por el Condestable Ruy López Dávalos, el hombre más poderoso de la corte de Juan II de Castilla. El castillo pasó después a Álvaro de Luna, el valido más influyente del siglo XV, que cayó en desgracia y fue decapitado en Valladolid en 1453.
Su esposa, Juana Pimentel, esperó en Arenas durante años la liberación de su marido, presa del rey. No llegó. El pueblo la recuerda con el nombre que le puso al castillo: La Triste Condesa. La primera gran mujer de la nobleza española que encontró refugio en este valle.
"Estas paredes de piedra granítica vieron pasar siglos de glorias y desgracias. Los castillos no guardan victorias. Guardan esperas."— Sobre el Castillo de la Triste Condesa, Arenas de San Pedro
El Infante desterrado: el hermano del rey que eligió Gredos
Don Luis Antonio Jaime de Borbón y Farnesio nació en Madrid en 1727. Era el hijo menor de Felipe V y su segunda esposa, Isabel de Farnesio. Como era habitual en la época con los hijos de los reyes "que sobraban" para la política, le nombraron Cardenal y Arzobispo de Toledo cuando tenía ocho años. Creció en púrpura cardenalicia sin haberlo pedido.
De adulto, hizo algo que escandalizó a la corte: renunció a todos sus cargos eclesiásticos. No tenía vocación. Quería vivir como un hombre.
Pero lo que selló su destino fue el amor. Se enamoró de María Teresa Vallabriga y Rozas, una noble aragonesa de linaje insuficiente para la estricta etiqueta borbónica. Se casó con ella en 1776, en lo que se llamó un matrimonio morganático. Sus hijos tendrían prohibido usar el apellido Borbón y residir en la corte.
Su hermano, el rey Carlos III, lo desterró de Madrid.
Así fue como el Infante Don Luis, hermano del rey de España, llegó a Arenas de San Pedro a finales de 1777. Primero habitó el caserón de los Lletget —familia de farmacéuticos locales que serían figura clave en Arenas durante generaciones—. Le gustaba el pueblo. Le gustaba cazar por estas sierras. El Ayuntamiento, que entendía lo que significaba tener al hermano del rey como vecino, le cedió gratuitamente los terrenos de La Mosquera para que construyera un palacio.
Arenas de San Pedro, 1779–1785
- El Infante Don Luis vive con su familia en el Palacio de La Mosquera
- Luigi Boccherini es su músico de cámara — 15 años a su servicio
- Francisco de Goya llega en 1783 a retratar a la familia
- Ventura Rodríguez diseña el palacio (mismo arquitecto de la Catedral de Pamplona)
- El Ayuntamiento financia obras públicas del pueblo con la ayuda del Infante
El palacio empezó a construirse en 1779. El ala derecha, aún sin concluir, y la Casa de Oficios empezaron a habitarse en 1783. Era un lugar privilegiado por sus vistas sobre el pueblo y por ser el lugar más soleado y saludable del valle.
Y entonces ocurrió algo que nadie esperaba: Arenas de San Pedro, un pueblo abulense de menos de tres mil habitantes en pleno corazón de Gredos, se convirtió en uno de los focos culturales más brillantes de la España ilustrada del siglo XVIII.
Goya pintó aquí
En el otoño de 1783, Francisco de Goya llegó a Arenas de San Pedro. Tenía 37 años. Era ya un pintor brillante y reconocido, pero aún no el genio atormentado de los Caprichos y las Pinturas Negras que conocería el mundo. Era un hombre en ascenso, ambicioso, con un ojo extraordinario para la verdad humana.
El Infante le encargó retratar a su familia.
El resultado fue La Familia del Infante Don Luis de Borbón, una obra maestra. El cuadro muestra a toda la familia reunida en una escena nocturna íntima: el Infante jugando a las cartas, María Teresa siendo peinada, los niños, los criados, los cortesanos. Sin la pompa habitual del retrato real. Sin distancia. Goya capturó algo verdadero.
Pero hay un detalle que convierte el cuadro en algo único: en la esquina izquierda, sentado ante su caballete en la penumbra, está el propio Goya. Se retrató a sí mismo mientras pintaba a la familia. Es una declaración de presencia. Yo también estuve aquí.
"El cuadro fue ejecutado entre 1783 y 1784 comenzando en el Palacio de La Mosquera, residencia del Infante Luis de Borbón en Arenas de San Pedro."— Fundación Goya en Aragón
Hoy la obra se conserva en la Fondazione Magnani-Rocca de Mamiano di Traversetolo, provincia de Parma (Italia). Pero nació aquí. En este valle. Con el sonido del río Arenal de fondo y el perfume de los castaños y nogales del jardín.
La próxima vez que cruces el río Arenal para llegar al hotel, estás a metros del lugar donde Goya trabajó.
Boccherini y la música del exilio
Luigi Boccherini (1743–1805) fue músico de cámara del Infante Don Luis durante quince años. El mismo Boccherini que hoy suena en las salas de concierto de todo el mundo — el Minueto que reconoces aunque no sepas que es suyo, los quintetos de cuerda que parecen hechos de luz— compuso muchas de sus obras más célebres en este valle.
Imagina la escena: el Palacio de La Mosquera en Arenas, las ventanas abiertas al paisaje de Gredos, y Boccherini componiendo mientras el Infante escucha, María Teresa borda, los niños juegan en el jardín y el río suena de fondo. Una pequeña corte ilustrada en medio de la sierra.
Arenas de San Pedro, entre 1779 y 1785, albergaba simultáneamente:
La corte ilustrada de Arenas · 1779–1785
- Don Luis Antonio de Borbón — hermano del rey de España
- Luigi Boccherini — uno de los grandes compositores europeos del XVIII
- Francisco de Goya — el pintor más importante de España
- Ventura Rodríguez — el arquitecto más influyente del neoclasicismo español
- María Teresa Vallabriga — una de las mujeres más cultas de la aristocracia española
En un pueblo de Ávila de menos de tres mil habitantes. En este valle que rodea nuestro hotel.
La carta que rompe el corazón
En 1785, con el palacio aún sin terminar, el Infante Don Luis enfermó gravemente. Moría en Arenas de San Pedro. Sus últimas palabras a su hermano el rey fueron una carta que se conserva y que eriza la piel:
"Hermano de mi alma, me acavan de sacramentar; te pido por el lance en que estoi que cuides de mi mujer y mis Hijos y de mis pobres criados y a Dios. Tu Hermano Luis."— Don Luis Antonio de Borbón, carta a Carlos III · Arenas de San Pedro, 1785
Carlos III no cumplió.
Separó a María Teresa de sus tres hijos y los envió a Toledo bajo custodia del Arzobispo. La madre no los volvió a ver durante siete años. Solo cuando murió Carlos III y su hijo Carlos IV llegó al trono, una carta desesperada de María Teresa fue respondida. En 1792, madre e hijos pudieron reencontrarse por fin.
El palacio fue saqueado. Las chimeneas de mármol, los tapizados, los zócalos de jaspe, los cuadros... todo desapareció, vendido por los propios empleados del Infante. En 1809 lo ocuparon las tropas de Napoleón como cuartel. Después fue cárcel republicana, seminario menor y colegio. Hoy pertenece al Ayuntamiento de Arenas, que busca una salida digna para este edificio extraordinario.
El nombre que sobrevivió a todo
En ese mismo período, a pocos pasos del palacio del Infante, vivía la familia noble local que los vecinos de Arenas conocían bien. Su casa de piedra del siglo XVIII en el Paseo de Santa Lucía —la que hoy alberga el Restaurante El Marquesito— era uno de los edificios más señoriales del pueblo.
Al joven heredero de esa familia, el pueblo le llamaba con ese diminutivo cariñoso que el castellano reserva para quien se aprecia: "el Marquesito."
La familia pasó. El tiempo pasó. Las guerras pasaron. El palacio del Infante fue saqueado y convertido en cuartel y seminario. Pero las piedras de esa casa del Paseo de Santa Lucía siguieron en pie, y el apodo siguió vivo en la memoria del pueblo.
Hoy, ese nombre es el del restaurante con más historia de Arenas de San Pedro y el del hotel rural que llevamos años convirtiendo en un lugar especial en la sierra.
Un nombre nacido del pueblo, no de un pergamino. Esa es, creemos, la mejor historia de origen que puede tener un nombre.
Fuentes históricas: Asociación Amigos del Palacio de La Mosquera (palaciodelamosquera.org) · TiétarTeVe (tietarteve.com) · Fundación Goya en Aragón · Google Arts & Culture · Fondazione Magnani-Rocca, Parma · Fundación Caja Madrid. Las fotografías históricas de Arenas de San Pedro (1929) pertenecen al Archivo Fotográfico de la Diputación de Ávila y son de dominio público. El cuadro de Goya es de dominio público.